Con paciencia llegarás a donde todos vamos Con paciencia llegarás a donde todos vamos ==A&D==
----------
-
-----
TESTIMONIO:
Del Mediterráneo a los Pirineos
------
--------
----
----
Haciendo un esfuerzo sobrenatural se dirigió a la maldita máquina y, enfrentándose a ella, comenzó a teclear sin piedad los últimos recuerdos, frescos recuerdos, de sus diez primeros días de vacaciones. No había ocurrido nada digno de mención y, sin embargo, el tiempo se había detenido, igual que los pensamientos productivos, dando paso al eterno divagar, un alborotado y silencioso diálogo interior sin principio ni fin, que en todas sus manifestaciones dejaba meridianamente claro que veranear en "Las Villas de Benicasim" seguía siendo el mismo coñazo que siempre había sido, por mucha imaginación que se le quisiera echar encima. Sin embargo, si había una persona capaz de sacarle partido a todo aquel despropósito, esa persona, sin duda alguna, era él. Desde hacía veinte años lo había conseguido en mayor o menor grado, pero los elementos, ese año, luchaban denodadamente en su contra, planteándole toda clase de situaciones imprevistas , aunque no siempre adversas. La ausencia de interés, de sus ocasionales amigos de verano, por hacer algo digno de la imaginación que se les suponía, unido al cansancio que el invierno había dejado en él, eran un handicap difícilmente superable. Los seres humanos cuando se vuelven sedentarios lo arrasan todo con su insultante parsimonia, y esa era la situación, una situación similar a la de otros años pero con una adicional carga de plomiza actividad insulsa sin metas ni objetivos. Aún siendo esta la cruda realidad, él estaba, como en otras muchas ocasiones, convencido de estar viviendo una última y mágica experiencia, y esta vez sus pensamientos estaban cerca de cumplirse.

Sigue leyendo y llegarás.- La Web te guía. En "Las Villas" habitan los últimos supervivientes-residuo del veraneo nacional clásico, bisabuelos y abuelos conviven en armonía con las generaciones siguientes en espaciosas villas, pisos o apartamentos, propiedad, normalmente, de los primeros. Tanto en la playa, como en el nuevo y excelso paseo marítimo se puede contemplar el jugueteo de tiernos infantes alrededor de venerables ancianos de ambos sexos que pasean, cansina pero placenteramente, del brazo de hijos o hijas, yernos o nueras, nietos o nietas, que se turnan para tan noble como, a veces, incomoda tarea. Hay viviendas donde no es extraño que coincidan durante el almuerzo de veinte a treinta personas de la misma sangre, Profundiza y...¡Ella!! la bella atendidos, en muchas ocasiones, por un servicio tan numeroso como infrecuente, hoy en día, y del que, por supuesto, todos no podrían disfrutar en invierno, una vez deshecha la veraniega tribu. También resulta curiosa la ocupación de habitaciones, alcanzándose una milagrosa y plena ocupación de todo el espacio disponible, e incluso del no disponible, para los diferentes turnos que se dan cita, sucesivamente, al amparo familiar. Por esto, cuando el patriarca o la matriarca desaparece de este mundo, como periódicamente suelen desaparecer las personas mayores, agotada su física existencia, queda en todo su entrañable clan un extraño sentimiento de orfandad y desamparo, difícilmente explicable desde el único punto de vista afectivo. Como sorprendente contraste, a la aparente tranquilidad diurna y vespertina que el marcado ambiente familiar y conservador lleva consigo, la gente joven y madura se desvive por divertirse de noche y a toda marcha. Son muchos los que planean durante el día las cenas y el tomar una copa o ciento, dependiendo de las ganas, edad y dinero disponible. Los lugares son siempre los mismos, para la misma gente, y el principal objetivo, matar el amenazante tedio y disfrutar contando al día siguiente, con voz carrasposa y con Torreblanca.- det. pueblo y atardecer todo lujo de detalles, lo que se ha divertido uno, aunque el rollo haya sido de órdago, cosa, la del aburrimiento, que hasta hace poco no rezaba con nuestro hombre, pues había evitado, sin desmayo, ser engullido por los mármoles de turno que, en Las Villas, son mineral abundante.

Durante los primeros años, nuestro amigo había disfrutado sin freno de las ventajas de este lugar especial y casi exclusivo, mezclándose con todo tipo de gentes. Ligues, coqueteos desenfrenados, noches en blanco y rosa, deporte como excusa para sobrevivir en aquel desorden y, sobre todo, olvido absoluto de la realidad inmediata. Pero, poco a poco, aquello se fue quedando atrás con los años. Los lugares cien veces visitados; los rostros, cien mil veces sonreídos, saludados o besados; las bromas, millones de veces repetidas, acaban por agotar la paciencia, incluso la del mejor amante de las rutinas. Por eso, después de veinte años, conseguir que cada día siguiera pareciendo o incluso fuera diferente del anterior, se había convertido en una especie de juego nada sencillo de jugar y cada vez más difícil de ganar.
Peñiscola, y dentro Alcossebre
Pero él, durante los primeros días de las nuevas y radiantes vacaciones, se había propuesto, siendo, una vez más, fiel a sus principios inamovibles, pues eran impuestos por esa fuerza superior que siempre le impulsaba en momentos de incertidumbre o debilidad, conseguir lo imposible en Las Villas, divertirse, relajarse y enterrar toda la mierda que había acumulado durante el más que difícil invierno, pasado bajo la permanente agresión a que, por el devenir de la jodida empresa, le habían impuesto sin consideración alguna. Algún día, no muy lejano, se tomaría la revancha, pues si algo le distinguía del resto de sus compatriotas es que era un magnífico corredor de fondo, y aunque en las distancias cortas también obtenía excelentes resultados, siempre prefirió batirse en carreras de larga duración que, a El rostro y el cuerpo del amor su entender, daban resultados mucho más justos, satisfactorios y definitivos.Dedicar algunas horas al día a navegar en el mar había resultado muy saludable. Dormir, sin consideración de las horas empleadas en ello, también lo era, y holgar, dando largos paseos por las playas, tenía la enorme compensación de los magníficos atardeceres, llenos de intensos colores, que hacían única la observación de  dorados cuerpos de indudable sabor erótico y salado. Pocos, dudo que sean muchos, conocen lo excitante que resulta observar con un catalejo un joven cuerpo, apenas maduro, de piel bronceada y dorada melena, lacia o recogida en altivo y apretado moñete. Recoger la imagen lejana, cazarla, y seguirla mientras se aproxima para, después, alejarse de nosotros, o mientras descansa al sol en total y sensual abandono , resulta apasionante. La envidiable y aparente posesión que el sol hace de esos cuerpos que, tumbados e inertes sobre la arena, parecen tener solo la vida que la Venus Centauro luz les brinda, era un pensamiento que seguía provocándole cada día mayor entusiasmo. No sería necesario dar más explicaciones, pero conviene decir que nuestro hombre había mirado tantas hembras en su vida, sintiendo el placer supremo de recrearse en ellas como en la mejor obra de la naturaleza, que solo la grandiosidad del mejor cuadro o de las montañas, valles y ríos podrían superar el éxtasis que la visión de la mujer despertaba en él. "Solo Visconti sabe mirar mejor que yo... y no estoy del todo seguro" decía con frecuencia. "Lo que siento es no ser director de cine y trasladar a una buena película mi especial forma de ver el cuerpo de la mujer y las sensaciones que eso me produce. Creo haber alcanzado un refinado sentido de observación de la naturaleza, en cualquiera de sus múltiples expresiones, que me ha unido a ella para siempre". "Con la observación de la mujer me ocurre lo mismo que con la de otras hermosas manifestaciones del universo conocido, jamás me aburre, siempre encuentro algún nuevo rincón...y el beso capaz de sorprenderme. Pero la mujer no permite una total aproximación sin riesgo de comenzar a desmoronarse, lenta o súbitamente, haciendo peligrar el interés en ella como naturaleza muerta o animada y al final resulta necesario dar paso al romance, al amor o al sexo, para evitar la catástrofe, la auto castración o el suicidio". "Se empieza por besar un culo y se termina construyendo un altar a todos los hermosos culos de este mundo" o culete de oro y...cuerpo "Se empieza por levantar un altar a todos los hermosos culos de este mundo y se termina besando, uno a uno, gran parte de ellos. Es difícil abandonar esa costumbre una vez adquirida y practicada sin mesura ni complejos". mirar su cuerpo "Entre culo y culo todo lo demás es puro entretenimiento y corta o larga espera". "Se alzarán contra mí las mujeres que todavía no lo hayan hecho, renunciando a mi adoración, estético De todo hay en los paraísos lasciva, en nombre de sesudas aspiraciones de ser admiradas por su condición humana y por sus adquiridos derechos de hembra auto asexuada y castradora del macho intrépido y arrogante que jamás renunciaré a ser". "Entiendo y admito sus aspiraciones, pero ellas deberían admitir y tolerar las mías. De esa forma la violencia o la ternura entre los sexos recobrarían una especial dimensión erótica difícilmente superable por otras especies vivas. De no ser así, de mantenerse la actual y malsana competencia entre sexos, la homosexualidad se extenderá y la especie se extinguirá sin remedio, si la reproducción hermafrodita no surge de nuevo. Ellas en brazos de ellas, ellos en brazos de ellos, un hermoso panorama para el crepúsculo del ser humano, el aquelarre del mirón".

...ellas en brazos de ellas.

desde lo azul al oro Cobre salado Este era el último y constante discurso de nuestro veraneante ocasional, que queda aquí transcrito para su conocimiento por aquellas que tuvieron el privilegio o el espanto de conocerle. Todos estos pensamientos, parte mínima de su desbordado y zarzuelero diálogo interior, cobraba naturaleza de obra maestra, una y otra vez, cuando extasiado pasaba horas bajo la luz del dorado sol poniente que, cayendo a sus espaldas sobre el oeste, iluminaba los atardeceres del Mediterráneo, extrayendo, del mar, los azules en calma más intensos y, de las playas, el cobre salado de los cuerpos de su bestias sagradas, lamidas y acariciadas, día tras día, por la luz en su lánguido abandono sobre la arena. "Azul en calma", "Cobre salado", bajo los ecos del "Amor y la vida de una mujer" de Robert Schumann, colores seda-salitre, colores del sexo añorado y de la ambición de poder cedido débil y majestuosamente.

El verano fue transformado en una continuada actividad. El barco, las cenas, los paseos, las cálidas siestas tras sabrosas comidas fueron ocupando todo su tiempo, tiempo cada vez más escaso y fugaz que iba escapando a todo orden y control.

la pureza olvidada

Decidió, apresuradamente, hacer un viaje al Pirineo y sin pensarlo dos veces se puso en marcha. Valle de Arán, Benasque, Ainsa, Monte Perdido,Valle de la Pineta, Valle de Añisclo, Valle de Ordesa, Torla, Broto y Delta del Ebro se sucedieron y fueron rápida e intensamente disfrutados en solo cinco días de fantástica y magnífica coordinación de movimientos y optimización del tiempo disponible. Ordesa.-El Valle Encantado Montañas grandiosas, ríos y arroyos caudalosos, de aguas transparentes y frías, hoteles en rápida ocupación y abandono, restaurantes, bares, se fueron sucediendo como por encanto, en un febril recorrido de carreteras y caminos. 1400 km en coche y más de cincuenta a pie, todo un récord. Y en Ordesa, en el camino hacia la famosa Cola de Caballo, el milagro: La musa que alimentará la caliente imaginación de nuestro inquieto protagonista durante mucho tiempo, tal vez durante años. Una diosa sajona de larguísimas piernas, Cuerpos seda salitre jóvenes y tersas como cera bronceada, les adelantó, mientras, en un alto del camino, él tomaba imágenes de su acompañante junto a un haya, enraizada sobre una hermosa roca cubierta de luminoso musgo verde fresco. A una seña de ella, él desvió la cámara hacia su derecha enfocando la aparición por unos segundos, que siempre lamentará fueran tan escasos. La joven diosa caminaba con energía y rapidez como si la ascensión fuera el paseo por un parque urbano, poco después se perdió con su amiga-acompañante, tras dar un ligero tropezón, por El Hada del Haya?? un recodo del sendero. Minutos más tarde las volvieron a encontrar, sentadas junto al camino, mientras hacían un breve alto para tomar bocado y recuperar energías. Fue entonces cuando, él, vio su divino rostro delicado y atractivo de Minerva-Venus-Afrodita y una sublime sonrisa, el bello saludo de sus labios. Sintió deseos de fotografiarla, pero no pudo. La belleza siempre sobrecoge y acobarda al ser descubierta y sorprendida en su inocencia y esplendor. Poco después ellas les adelantaron cuando, en un encantador rincón, tomaban fuerzas y alimento. De nuevo las miradas se cruzaron en un acto de mutuo saludo. "¿La veré de nuevo?", se preguntó. La El Centauro de oro cosa comenzaba a cobrar especial interés. El destino, una vez más, se empeñaba, caprichosamente, en brindarle belleza animada, realzada por un marco de belleza estática y dinámica absolutas y arropada por el intrépido murmullo de las cascadas del río Ara. Pero ni aquella mañana, ni aquella tarde estaba escrito que nuestro hombre pudiera disfrutar de otra belleza que la que el valle ofrece generosamente en toda su extensión. Salvajes y sonoras cascadas, encajadas entre abruptas montañas, y una vegetación exuberante fueron suficiente atractivo para olvidar la fugaz aparición durante el resto de la larga peregrinación hasta la Cola del Caballo, durante el descanso allí y en el camino de pulsa y contemplalá en todo su esplendor regreso. Pero el destino es imprevisible y por la noche cuando, después de cenar en "El Rebeco" de Torla, fueron a tomar una copa en un curioso barecito, allí estaba la diosa con su amiga. Su larga y rubia melena, un jersey rojo y unos ceñidos pantalones color carne marina, que magnificaban las espléndidas piernas de firmes muslos y pantorrillas, llenaban aquel pequeño y acogedoramente decorado lugar, borrando cualquier otra existencia animal, vegetal o mineral de la vista de nuestro amigo.
-----------
y las piernas...?? Fue aquello tan imprevisto que tan siquiera se atrevió a saludarla, lo que sí hizo su ocasional compañera de aventuras. Louis Amstrong y Ella Fitzgerald inundaban con una entrañable melodía cada ángulo del lugar, la magia de aquellos instantes llenó de gozo el corazón de nuestro personaje y empezó a pensar que su amigo del cielo le enviaba un nuevo presente, como ya había hecho con el excelente tiempo y con la facilidad para encontrar alojamiento en cada uno de los lugares que habían visitado. Se acercaba el final de una fulgurante excursión que había transcurrido sin contratiempos de ningún tipo y, milagrosamente, se le brindaba la oportunidad de idealizar un encuentro casual pero poco frecuente, ya que el físico de la bella no es normal entre las gentes que frecuentan y caminan por esos lugares de Dios. Si la montaña albergara semejante tipo de criatura, no sería montaña sino pasarela de moda. Mirando de reojo encontró, una y otra vez, su cálida y expectante mirada, pero siguió sin atreverse a entablar conversación, cosa que hubiera sido bien fácil de haberlo intentado, pues cuando uno esta acompañado por una mujer como su acompañante, la cosa suele producirse de forma casi espontánea. El caso fue que las melodías de los cuarenta se sucedieron, que la bella se acercó a la barra, exactamente junto a él, y que pidió otra copa al simpático camarero, que ellos se sentaron después cerca de ellas, pero era tal su incapacidad para intentar un acercamiento que al final, cuando ellas se fueron, dejando "la diosa" una estela de muda admiración en los que allí seguían, él le dijo, guasonamente, a su compañera: "Si vuelvo a encontrarla será la señal definitiva de que Dios la ha puesto en mi camino y, por tanto, en mi vida".
El suave despertar
--------
Sábanas y...más sábanas Al día siguiente, cuando dejaban Torla, después de fotografiar todos los rincones de la preciosa aldea, ellas hacían auto-stop en el cruce de salida a la carretera principal, con un cartel que indicaba "Biescas". El, confuso y sorprendido, saludó a través de la ventanilla, sin apenas detenerse. Ella le miró con disgusto, incluso con algo de rabia, al ver que el coche no se detenía y que, desde el interior, un sonriente cabronazo le decía adiós con la mano. "¿ Porqué no paras ? - preguntó su acompañante - "porque cien metros más allá, por la derecha se va a Biescas y nosotros tenemos que doblar a la izquierda para ir hacia Ainsa". Fue de tal calibre la confusión de pensamientos que se organizo en su mente, a partir de aquel
úpido pero crucial instante, que sería necesario llenar varias páginas para describirlos, baste decir que intentó, varias veces, romperse la cara con ambas manos durante los quinientos kilómetros que le separaban de Benicassim.

El viaje con aquella diosa a Biescas hubiera sido la mejor bendición del verano, incluso del Verano-Otoño de su vida, así como el principio de una más que posible, inesperada e imprevisible aventura, pues el destino final de esa reina dorada está indudablemente con él, entre sus sabanas, pero con su maldita timidez lo ha retrasado, y quien sabe hasta cuando.

Erguida y con la rubia...
1

Final feliz:

( Versión ofrecida por nuestro hombre años después, sentados, él y yo, en un café de Boston junto al Hotel Ritz ).

En ella todas las diosas del Olimpo "Las vimos haciendo auto-stop cuando salíamos de Torla con dirección a Ainsa. Ella, soberbia y erguida, con la melena oro brillante agitada por la fuerte brisa, mantenía en su mano derecha un cartel blanco que indicaba el destino previsto, "Biescas", lugar trágico ese verano. Detuve el coche sin hacer caso de la ineficaz protesta de mi acompañante, y bajando la ventanilla les pedí que subieran.

.. y la entrega después de la doma Ella me sonrió, como solo saben hacerlo las diosas, penetrándome hasta lo más profundo del corazón de macho hambriento de sexo y ternura, mi pareja refunfuñaba algo incomprensible, incomoda por la imprevista jugarreta del destino. Mientras, yo, bajaba del coche  para instalar su escaso equipaje en el maletero; les di un par de besos de presentación a cada una y me quedé mirando fijamente la cara de Betina, la diosa, mientras ella se deshacía en explicaciones sobre el tiempo que llevaban esperando que les recogieran y agradecía nuestra cortesía. Yo le dije que todo aquello era algo más que cortesía, que era cosa del destino, ya que después de habernos cruzado cuatro veces, en dos días, algo debía tenernos preparado cuando en la quinta ocasión que nos veíamos terminaba, al fin, junto a mi, en mi coche, y con destino a Biescas. Ni se me ocurrió decirle que nuestro destino, hasta encontrarla, era Ainsa, que estaba en dirección totalmente opuesta; de eso se encargó mi pareja, con una pizca de ironía, minutos después, cuando tomábamos la carretera de la derecha, doscientos metros más allá del punto donde les habíamos recogido en la salida de Torla.

Betina Exhausta sobre las aguas y las supervivientes Si alguien me hubiera dicho que yo haría el amor con Betina, aquella misma noche, en su tienda de campaña, después de inventarnos mil triquiñuelas para alejarnos de mi pareja y de su amiga y que te contaré algún día. Si alguien me hubiera dicho que en uno de los descansos de amor y sexo me quedaría dormido, para despertar gritando y braceando, desesperado, en un aluvión de agua y que si no hubiera sido por ella sería una víctima más de la tragedia de Biescas.

-----------
----
---
--

Ordesa.-El Ara y una recién bañada por sus aguas

Si alguien me hubiera dicho que hoy viviría aquí, con ella, y que seríamos los únicos accionistas de una de las mejores agencias de publicidad del país, agencia en la que me empleó su padre hace siete años y que hemos heredado tras su repentina muerte a pesar de ser diez años más joven que yo. Yo no le podría haber creído, aunque el ...más que dos carretas mensaje me hubiera venido firmado por mi divino y celestial protector. Pero así fue y ha sido.

Cuando caminamos por esas montañas de Dios y Betina, con su juventud y enorme energía, "tira" de mi, yo experimento placer de dioses en regreso al Olimpo tras inútil batallar con los humanos, es como si todas las hijas de Júpiter salieran a recibirme con vino fresco para calmar mi sed y restañar las heridas, de viejo macho, que sangran Icor. Betina en New Port.- Boston Esta mujer es una diosa, mi diosa, la diosa que ha hecho renacer mi apetito sexual y mi ambición de vida. Hace un año, exactamente un año, estuvimos de nuevo en Ordesa, en una de nuestras excursiones por el Monte Perdido, ella desapareció delante de mi hacia la cumbre; cuando conseguí, casi asfixiado, llegar arriba, la vi recostada sobre una roca, completamente desnuda, hablando con el cielo. Llegué a su altura, miré el grandioso Valle del Ara y me arrodillé besando mis lágrimas sobre sus pies helados. Así es en esos momentos mi relación con los dioses que la enviaron. FIN.

-Te has enamorado de un sueño. Como todos.

-Como todos, ¡no!. Betina está a menos de trescientos metros de nosotros.

-De todas formas es un sueño. Tu sueño de una tarde de verano.

-Sea. Amén.

-------------
------
-----
--
------
Otros enlaces
---
Los ojos de Betina
los Ojos de Betina (link)
----------
Homenaje a:
Diana de Gales
El primer Mito del Siglo XXI
_____
-------------
Jugando con Cindy y otras Diosas.
Aquiles y Diomedes CD link
A&D Home
Página principal de Aquiles y Diomedes,
-------