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Crónica de una Muerte Anunciada
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Desde el banquillo (2000)

Endesa e Iberdrola le han hecho el "sinpa" a Repsol y a su principal instrumento depredador, Gas Natural. Y nos parece bien, pues sería inaudito que, desde la posición de dominio del mercado que ambas compañías detentan en el sector de hidrocarburos, especialmente reforzada tras la anómala privatización de ENAGAS, en 1994, hubiera cuajado el intento de hacerse también con parte importante del mercado eléctrico, en esa cuestionada huida hacia adelante que ambas compañías han iniciado por ofrecer multiservicio a sus clientes.

En una posición de claro dominio del mercado, tanto de Repsol como de Gas Natural, el consumidor no debe esperar otra cosa que la que hasta ahora tiene: Precios altos por la energía consumida y sucesivas y arbitrarias subidas de precios por los servicios contratados con ambas compañías, como viene ocurriendo, máxime con los precios alcanzados por el barril de crudo, referencia para la fijación de precios de gasolinas, gasóleos y gas. Mientras, cada año, los beneficios crecientes del emporio nacional del gas y el petróleo repercuten muy favorablemente en la cuenta de resultados de sus principales accionistas BBVA y La Caixa, a pesar del menguante valor de la acción de Repsol o la pérdida de valor de las acciones de Gas Natural. Una extraña situación que viene agravando el avance en la liberalización de mercados. Pero que les quiten lo ganado, hasta ahora, por su situación de privilegio, tras las sucesivas privatizaciones de activos heredados o adquiridos ventajosamente al Estado.

El grado de apalancamiento alcanzado por Repsol, tras la adquisición de la petrolera YPF, es alto y viene dificultando, desde hace un año, una revalorización significativa de la cotización de Repsol, algo a lo que no estaban acostumbrados sus accionistas, aunque siempre existe el consuelo de ver como la acción de Cepsa arroja una rentabilidad negativa de su cotización que llega, a finales de octubre, al -14 %. En un año (dic. 99/00) la acción de Repsol arroja rentabilidad negativa, pues se encuentra por debajo de su valor de salida a Bolsa (jul.99), cuando valores como Telefónica, Red Eléctrica o Unión Fenosa han llegado a tener revalorizaciones superiores al 40% y otros como BBVA superaron el 20%, antes del desplome invernal de los mercados bursátiles.

La defensa del estatus y posición de liderazgo está siendo el principal objetivo de la compañía de mayor facturación del panorama empresarial español, CUATRO BILLONES DE PESETAS, pero todavía no ha acertado con la estrategia mejor para convencer a los analistas de que aquí no pasa nada, ni para mantenerse, a largo plazo, en la posición que logró gracias a la privatización de las petroleras estatales a finales de los años ochenta, en una espectacular salida a bolsa.

¿Qué pasa en Repsol? ¿Qué pasa en Gas Natural? ¿Son, acaso, gigantes con los pies de barro, a los que puede afectar peligrosamente la liberalización de los mercados de hidrocarburos?. ¿Están preparadas para competir? O por el contrario están en ese temible proceso de "parálisis por el análisis" y de defensa numantina de unos privilegios fruto de las políticas privatizadoras decimonónicas de las que fueron los únicos beneficiarios.

La escapada de Iberdrola tiene muchas lecturas después del fracasado y romance con Repsol, anterior a su reciente abandono en los brazos, más tiernos, de ENDESA. Posiblemente será una fuga definitiva, amparada por un gobierno que, aparentemente, tiene auténtico deseo de evitar la creciente concentración de poder económico en pocas manos, pues sabe muy bien de su influencia en la política y en la configuración de los resultados electorales. Un poder económico que en aras de la liberalización y el neocapitalismo, pretendidamente liberal, está consintiendo que entidades de carácter público como las cajas de ahorro estén haciéndose con el control y la gestión de las mayores empresas españolas. Un tipo de nueva nacionalización encubierta, que estas entidades están utilizando para participar decisivamente en la gestión de las mismas. Una nueva herramienta utilizada por los partidos como instrumento de poder y de refugio de cargos de procedencia política, como en tiempos del régimen franquista, vicio ancestral proyectado hacia las épocas suarista, felipista y, ahora, aznarista.

¿Cómo puede interpretarse, si no, que la presidencia de Gas Natural esté en manos del director general de La Caixa, entidad que además controla un 9% de Repsol, o que el señor Pujol, haya cuestionado la fusión de Iberdrola con ENDESA, que parece haber escapado por la puerta chica a su control, a través de la caja de ahorros catalana, al no ser engullida por Gas Natural, en cuyo capital participa La Caixa con un porcentaje cercano al 25%. Pero la operación no se ha cerrado y la posible OPA de Gas Natural sobre Iberdrola sigue, amenazante, presidiendo las difíciles negociaciones de la adquisición de los activos que Endesa/Iberdrola hayan de ceder a otros operadores, entre los que Repsol aspira, solo, a los más rentables: la generación de electricidad con gas natural en instalaciones de ciclo combinado.

Va siendo hora de que las empresas se deshagan de gestores procedentes de accionistas del mundo financiero dependientes del poder político. Y que se estudie a fondo cual debería ser el papel de esas entidades en la vida pública y privada. Las CCAA deberían ser sociedades anónimas con iguales prerrogativas que el resto de las entidades financieras, con acceso a la participación en sus capitales de inversores y ahorradores. Es un contrasentido que se tolere, en pleno siglo XXI, que las reglas del mercado no jueguen con estos agentes financieros como con el resto. Será un grave error no frenar e invertir esta tendencia de control creciente, mediante la acción de sus correspondientes cajas de ahorro, de empresas y monopolios, desde gobiernos autonómicos y desde el nacionalismo rampante, de máxima, intolerable y triste actualidad. En España, a los procesos de privatización de empresas públicas, ejecutados por el Estado, está siguiendo el proceso de nacionalización realizado silenciosa y progresivamente, por las automías nacionalistas. Todo un contrasentido, especialmente aprovechado por la Caixa, que así controlará los sectores más significativos de la economía, un nuevo tipo de imperialismo desde los reinos interiores, que sin recursos democráticos para hacerse con el poder político, intentan dominar al resto de la nación desde el poder económico,  definitivo medio de influencia política. Sirva de ejemplo, el actual intento, declarado por la Caixa, de aumentar su participación en Repsol si el gobierno lo autoriza. ¿Es un órdago defensivo o una continuidad de la estrategia iniciada hace años?.

Y es que España, para sorpresa de Europa y América, trata de establecer sus nuevos imperios bajo el mismo esquema del siglo XVI. Fuerte concentración de poder en pocas manos, con las familias y personajes de siempre, las nuevas aristocracias, como mediadores y virreyes en los nuevos mercados. Proteccionismo, nepotismo y reparto de ingentes prebendas a los protagonistas y a sus fieles cortesanos, que como antaño forman un infranqueable muro, contra el que se estrella cualquier brisa fresca y de libre competencia.

Los Boada, del Pino, Aguirre, Urquijo, March, Escámez, Botín, etc. etc. han dado paso a los nuevos Ibarra, a los nuevos Botín, y a los Amusátegui, Villarasau, Cortina, etc. etc. que con los residuos incombustibles y testimoniales de siempre como los Oriol y los nuevos y socializados March, se reparten el poder económico del nuevo régimen. Nada cambia sustancialmente en la España secular, y cualquier advenedizo, que venga a subvertir el orden preestablecido, es engullido o triturado por el sistema, sin miramientos. La patente de corso es privilegio de los de siempre, y esto no tiene vuelta de hoja.

Es la apuesta por la continuidad de la historia, la apuesta por el mal menor, la apuesta por seguir sin despegar el culo de ese montón de mierda acumulada, empollada por la cobarde gallina clueca que ha sido la imagen tradicional del poder en España, desde los Reyes Católicos, primeros en prescindir sangrientamente de la genial contribución de otras creencias y formas de entender la existencia, y que se abrazaron, temerosos, a la miope visión de la vida y de las relaciones humanas del cristianismo esterilizador, excluyente y revanchista de la contrarreforma. Mientras, el resto de Europa avanzaba, asumiendo todo tipo de riesgos, en la construcción de una sociedad mucho más plural, libre, culta y amante de las humanidades y de la libertad real del individuo, a la par que se sacudía de encima y se libertaba, hastiada, de la enojosa presión totalitaria de la pesada, castradora y grande bota española, representada por los "gloriosos" tercios del Emperador o por el caótico poder imperial del prepotente emporio español que, en desesperado, patético y creciente agostamiento, le sucedió.

¿Cómo vamos a ser competitivos? Si de lo que se trata es de no cambiar las esencias que condujeron a la paulatina pérdida de competitividad desde finales del siglo XVI hasta nuestros días. Si lo que ha imperado siempre es el afán de ponerle puertas al agua y a las libertades, en ese afán de concederle a los burócRATAS, el control absoluto de nuestras miserias, en perjuicio de la libertad productiva. Una raza de servidores holgazanes, acomodados y corporativistas, que se reproduce sin freno a velocidades siderales, como todo inútil y destructivo roedor, y que es capaz de ejercer el control de cualquier agente activo y hasta de regular hasta el vuelo de una mosca. Castradora regulación para la se crean superestructuras, de mando o control burocrático, cada vez más complejas, vertical y piramidalmente estratificadas, que alejan la capacidad de decisión de las bases productivas. Bases encorsetadas bajo una serie de normativas para cuya, de entrada, innecesaria ejecución jamás son consultadas por otro procedimiento ajeno, cuando se produce, al de su refrendo plebiscitario. Refrendo que raramente supone el conocimiento de la nueva norma, su aceptación o la voluntad de su cumplimiento. Refrendo por el que, de forma inconsciente y masoquista, uno añade un eslabón más a la cadena prometeica que le mantiene anclado, de por vida, a la misma y pesada roca, para que las rapaces sigan hurgando, con sus garras y voraces picos ganchudos, en el hígado de sus fáciles, incautas y siempre impotentes presas.

El pretendido renacer se viene haciendo, de nuevo, a costa de removerlo todo, como antaño, en esa vorágine de rancias batallas políticas históricas, donde lo público y lo privado se confunden en cualquier actividad socioeconómica. Siendo el marco de fusiones y adquisiciones empresariales donde mejor se manifiestan las fuerzas y el poder de las estructuras citadas. No dejar títere con cabeza y que todo cambie para que no cambie nada es tónica general en una interminable cadena de reorganizaciones de empresas y organismos en las que el talento, la experiencia, la iniciativa creativa, en suma, la excelencia profesional y el ejercicio de la tan cacareada "libertad responsable" de las gentes, han pasado a ser valores prescindibles ante otros, de raíz medieval, como la lealtad, el vasallaje y la pleitesía al poder establecido. Es el mismo abismo eterno que se abrió entre cristianos viejos y cristianos nuevos, el que sigue latente en nuestra España, siempre en perjuicio de la libertad creadora.

En esta caduca república coronada, la cabeza visible del Estado es un títere más, sin voz propia ni voto. Todo un símbolo de su pueblo y de las libertades ficticias que le han sido otorgadas a una sociedad civil aborregada, incapaz de asociarse imaginativamente, en defensa de sus auténticos intereses o de movilizarse por sí misma, en lugar de hacerlo por el toque de corneta de turno, siempre a punto en las almenas del poder para sonar oportunamente y evitar que la cosas tomen caminos impredecibles. Una sociedad, que carece de suficiente capacidad de reacción ante los abusos continuos de su proverbial paciencia congénita, es una sociedad inválida, disminuida e incapaz para competir con otras sociedades ejercitadas, desde hace siglos, en una libertad de acción que nosotros no hemos sido capaces de ejercer ante el férreo control secular de la sociedad española, ejercitado burdamente por la indisoluble fusión de una iglesia siempre caduca, que marcha detrás del tiempo, y de un Estado rancio y siempre temeroso de caer en la tentación de conceder plenas LIBERTADES a sus originales, pero sufridos SUBDITOS.

Pero entremos en el remate de este artículo.

Para empezar, felicitemos a Iberdrola y a sus gentes por zafarse, de entrada, del abrazo de la petrolera y, especialmente, del abrazo de la empresa del monopolio "privado" gasista. Oriol y los suyos no se ven rindiendo homenaje a la senyera.

Si sus gentes o trabajadores, conocieran a fondo el caótico proceso sufrido por ENAGAS tras su sonada venta a Gas Natural, darían las gracias a Martín Villa y a Oriol por el acuerdo alcanzado. De haber caído en las garras de Gas Natural y de su gendarme, el intento de catalanización de la eléctrica habría sido un calco del triste proceso de despersonalización sufrido por ENAGAS. Dos presidentes y tres consejeros delegados y consecutivas y numerosas reorganizaciones en un periodo de tres años, hicieron creer que se había perdido el norte y que reorganizar era un objetivo en si mismo, elegido ladinamente para acabar con cualquier intento de vuelta atrás. Expatriaciones, descensos, prejubilaciones, bajas incentivadas, fugas en busca del amparo de Repsol, en alguna de las empresas del grupo, ampliación del panteón de "elefantes" u "hombres ilustres" y situaciones de "banquillo permanente", son las realidades en cuanto a política de personal se refiere. Todo ello en un marco de difusión de ideologías, valores y principios emanados de la "Fundación Catalana de Gas", ese caballo de Troya inventado, promovido e insertado, por arte de magia, en la nueva Gas Natural, por Pedro Durán Farell, poco antes de su muerte, para impartir humanidades a las huestes en los terrenos conquistados y mantener con vida y visible, ante el mundo, el viejo estandarte que presidió su trayectoria gasista, La Caixa y Catalana de Gas.

Numerosos directivos de alto nivel y decenas de directivos nivel medio y centenas de mandos intermedios y técnicos fueron marginados, ante el ascenso de los de los hombres de la empresa compradora. "Amanecía el sol salía y los vencedores estaban encima de los vencidos". Otros se vieron forzados a aceptar sucesivos y continuos cambios en los menguantes contenidos de sus puesto de trabajo. Toda una toma de control pura, dura y descarnada, donde el principal objetivo era no dejar títere con cabeza para que nada pudiera recordar que ENAGAS existió alguna vez y, de esa forma, terminar por diluir ENAGAS y sus apetecidos activos en Gas Natural, para que nunca jamás se volviera a oír su nombre en el mundo del gas y para demorar, todo lo posible, los resultados de la aplicación de las medidas liberalizadoras de los mercados gasistas europeos reflejados en la Ley de Hidrocarburos espñaola. Una venganza en toda regla, en la que el arbitraje de Repsol fue algo más que inútil, toda vez que el proceso (1994/99) se ejecutó cuando CIU respaldaba al gobierno socialista y, después, al constituido por el PP en minoría, en 1996. Además, Gas Natural, con su sede social en Barcelona, ha tratado de mantener por todos los medios  una independencia de gestión que llegó a ser irritante para Oscar Fanjul y para su sucesor, en la presidencia de Repsol, Alfonso Cortina.

En el año 2000, el nombre de ENAGAS ya fue borrado de cualquier documento visible por el gran público y de la coronación, fachadas e interior de su antes emblemático edificio de Avenida de América 38 de Madrid, su histórica sede social. Del que, paulatinamente, han ido siendo evacuados los empleados de ENAGAS en un progresivo traslado a otros locales menores, propiedad o arrendados por Grupo Gas Natural. El logotipo de Enagas han sido sustituidos por el de Gas Natural y con su cursi mariposa, lepidóptero no tan efímero en este caso. De esta forma, ante la ya anunciada segregación de los activos residuales de ENAGAS, impuesta por el gobierno, y aunque Gas Natural ya tiene una gran sede en Madrid, en Paseo de los Olmos, ahora  se hace con la sede de ENAGAS, a pesar de que el Centro Principal de Control de la Red de Gasoductos, importante instalación, ubicada en los sótanos del inmueble, será de costoso traslado, si éste se termina produciendo. Esta emblemática toma de posesión  se ha hecho como símbolo y remate de la "gran venganza" del grupo catalán ejercida sobre ENAGAS y sus gentes.

Tal vez, tras esta última acción de tierra conquistada y quemada, ENAGAS mantenga su identidad, no todos sus activos, como sociedad responsable de la red de gasoductos españoles. Ese será el miserable final causado por los que con poco estilo y  dudosas artes, no han cesado en su agresión al significado de la empresa que más hizo por la extensión de los mercados del gas natural en España.

Toda una epopeya que no ha encontrado eco, ni contestación significativa política, ni mediática. Confiemos en que el paso del tiempo, al menos, haga justicia. Todo lo demás son humo e ineficaces manifestaciones del derecho al pataleo.

AMEN

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