A&D
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(Ha sido pura y sorprendente coincidencia que P.J. Ramírez publicara en El Mundo (09.11.08) un artículo con el mismo título que tiene éste,  cuando ya estaba redactado y a punto para lanzarlo a la red. (A&D).

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“Adivina quién viene a cenar esta noche"

 

Por Arturo Rodríguez de Miñón

 

 

Si cambiamos el título de aquella rompedora película (1967) por el de “Adivina quién llegó la noche del  4 de noviembre”, podemos contestar, cuarenta y un años después de aquel film, que llegó un nuevo Sidney Poitier americano, Barack Hussein Obama Jr. En 1963, Sidney ganó el primer Oscar a un actor negro por su interpretación en “Los lirios del valle”. Son muchos los actores negros que ha destacado en el cine desde que Poitier rompiera todos los moldes, y son muchos los políticos negros que durante décadas han estado al frente de importantes tareas en las instituciones públicas norteamericanas e internacionales, hasta llegar Condoleezza Rice a Secretaria de Estado con G.W.Bush. El cine de Hollywood ha hecho por la aceptación y acelerada integración de los negros, durante las últimas décadas, lo que difícilmente habrían logrado por si solos los movimientos de defensa de sus derechos.

 

Tampoco voy a pasar por alto los grandiosos e innumerables éxitos de los negros norteamericanos en el deporte, la música y la canción con los que han dado grandes pasos contra la segregación racial. En las olimpiadas alemanas de 1936, Alemania ganó un total de 89 medallas quedando la primera en obtención de trofeos, los norteamericanos se hicieron con 56 medallas, ocupando el segundo puesto. El mítico Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro, lo que supuso una gran humillación para Hitler que, empeñado en demostrar la supremacía de la raza aria, solo aplaudía las victorias de los atletas germanos. Pero Adolfo se levantó y saludó al atleta alzando la mano. Este devolvió el saludo de igual manera. En sus memorias, Owens escribió:

 

Al volver a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, seguí sin poder viajar en la parte delantera del autobús, volví a la parte de atrás. No podía vivir donde quería.

No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a La Casa Blanca a estrechar la mano del Presidente (F.D.Roosvelt)”.

 

Roosvelt se hallaba en campaña de reelección y no consideró prudente rendir honores a Jesse Owens. Temía la reacción del votante de los estados sureños.


(Nota: Hasta el 20 de diciembre de 1956, siendo el republicano Eisenhower presidente, no quedó abolida la segregación en el transporte público, fue un paso más para tratar de acabar con aquello de “iguales, pero separados” impuesto por los blancos. Durante los años sesenta Kennedy y Jonhson dieron un nuevo y definitivo impulso a la legislación contra la segregación racial, pero aquello tampoco supuso el fin de la discriminación social del afroamericano).  

 

El hombre

 

En el siglo XIX, destacó un negro, Frederick Douglass (1818-1895) como orador, escritor, editor y estrecho colaborador del que fuera presidente de USA, Abraham Lincoln, en la lucha de los republicanos por la abolición de la esclavitud. Incluso aspiró a la vicepresidencia de los USA en 1872. Douglass, nació esclavo, hijo de esclava y de padre desconocido. Tomó su nuevo  nombre de la novela de un escocés, sir Walter Scott. En realidad, Douglass, se llamaba Frederick Augustus Washington Bailey. Sus días finalizaron en Washington D.C. en su último hogar de 20 habitaciones junto al río Anacostia afluente del washingtoniano río Potomac.

 

En una nación diversa como la nuestra, formada por casi todas las variedades de la familia humana,
no deberían existir ante la ley ricos ni pobres, altos ni bajos,

negros ni blancos, sino una sola patria, una sola ciudadanía,

derechos iguales e igualdad de destino para todos.

Un gobierno que no quiera o no pueda proteger al más humilde de sus ciudadanos
y amparar su derecho a la vida,
a la libertad y al logro de la felicidad,

debería ser reformado o derrocado sin demora”

Frederick Douglass

Washington, 20 de octubre de 1883.

 

Esta declaración figura como introducción de la novela de Irving Wallace “El Hombre” (1964). El manuscrito original estaba en poder del autor. En la obra, un negro, Duglass Dilman, presidente accidental del Senado, tercero en la línea de sucesión a la presidencia USA, se convierte en presidente, tras la muerte por accidente del presidente y del speaker de la cámara de representantes. El speaker es el representante de la nación en el Congreso, era el segundo en la línea constitucional de sucesión a la presidencia. Pocos días antes del trágico accidente, también había muerto por enfermedad el vicepresidente, primero en la línea de sucesión. Así que Douglass Dilman, en la ficción de Wallace, se convirtió en el primer presidente negro de los Estados Unidos. De los nueve presidentes norteamericanos muertos durante el ejercicio de su mandato, cuatro murieron de muerte natural y otros cuatro fueron asesinados (Linconl, Garfield, Mckinley y Kennedy), pero ninguno, hasta 2008, ha muerto por accidente. Un accidente que el autor sitúa en Frankfurt, en un centenario castillo alemán en el que tenía lugar una cumbre internacional sobre África. La muerte se produce al desplomarse el techo de una habitación, utilizada como despacho provisional por el presidente, en la que se encontraba con el vicepresidente durante un descanso de las sesiones de la cumbre. La novela fue publicada en España en 1974. La leí poco después y me impresionó vivamente. 


El triunfo del candidato


Desde que  Barack Obama inició su campaña he recordado aquella novela en la que Douglass Dilman  ejercía la presidencia USA con notorio éxito a pesar de todas las barreras que ha de vencer por los prejuicios raciales. “¿Cuándo será posible un presidente afroamericano?” me preguntaba. Por eso, el resultado de las recientes elecciones americanas me ha causado una enorme sorpresa pues nunca creí posible que un negro pudiera alcanzar la presidencia si no era por accidente, como ocurre en la novela.


Pero es necesario no deformar lo que ha ocurrido y poner el resultado electoral en su verdadera dimensión.  Barack Obama es un "self made man", solo es medio negro, es inmigrante, no desciende de esclavos, y no pertenece a ningún poderoso clan familiar con antecedentes políticos. Es atractivo y tiene gran capacidad oratoria que acompaña con una sugestiva y potente voz.  Obama podía haber nacido con la piel blanca, su madre era blanca y también eran blancos sus abuelos maternos. Su padre y abuelos paternos son keniatas, negros y musulmanes y su esposa y nueva primera dama, Michelle Robinson, destacada profesional de derecho, es descendiente de esclavos negros de Carolina del Sur. Ella también ha sido “elegida” pues ha contribuido muy activamente al éxito electoral de su marido, alcanzando un gran protagonismo y aceptación mediática y social.


A pesar de los esfuerzos iniciales de sus rivales políticos por demostrar lo contrario, Obama nunca ha tenido como religión el islam y, por tanto, tampoco es un renegado de la fe que profesan 1.200 millones de almas, ni posible reo de muerte del radicalismo islámico si lo hubiera hecho. Barack Hussein Obama es un cristiano que tiene entre sus lecturas favoritas la Biblia que ha de jurar el 20 de enero tal como está escrito en el artículo II, sección 1, de la Constitución.

“Yo, Barack Hussein Obama, juro solemnemente cumplir con fidelidad el cargo de presidente de los Estados Unidos y preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos en la medida de mis fuerzas.”  


Como ha soltado el siempre al límite bromista Silvio Berlusconni. Obama es “joven, guapo y está bronceado”. Su apreciación ha causado el revuelo mediático y social correspondiente de la "tolerante progresía nacional" como ya es habitual con algunas bromas del desinhibido presidente italiano que siempre esconden una desenfadada y políticamente incorrecta visión de la realidad con la que solo pretende escandalizar o divertir a una Europa muy poco tolerante, históricamente, con el diferente. Lo que me ha parecido una estupidez son las declaraciones contra su “expresidente” de la atractiva modelo y dulce cantante “exitaliana”, Carla Brunni, esposa del activo presidente francés, Sarkozy.


Volviendo al mundillo cinematográfico como reflejo de la realidad americana y sin entrar en mayor valoración de las declaraciones del "cavalliere", es cierto que Obama como Sydney Portier, no parece tan negro como, por ejemplo, Samuel L. Jackson. Es más parecido a los oscarizados Morgan Freeman y Denzel Washington. Barack, como estos  y como Sidney Poitier, por sus gestos, voz, expresión y movimientos apenas se diferencia del resto de sus compatriotas menos “bronceados” como también sucede con un buen número de sus hermanos de raza
. Todo ello, ancestros, discurso e imagen del candidato, ha influido en el éxito final de una larga y magnífica campaña de marketing político que ha contado con enormes recursos economicos y que ha encontrado gran aceptación entre las clases medias de menores recursos, entre las minorías étnicas, y entre los menos favorecidos por la fortuna y los más golpeados por la actual crisis económica.

 

Tras el nombramiento de Obama como máximo representante político de los USA, no deben ser pocos los que han pensado que llega el Apocalipsis y no están dispuestos a tolerarlo fácilmente. Después de la tragedia de la Torres Gemelas de NY, no han olvidado que por las venas del presidente también corre cierta cantidad de sangre musulmana, como tampoco olvidan que fueron musulmanes radicales los causantes de la mayor tragedia nacional que han conocido. Por todo esto, tiene mayor mérito su triunfo electoral, un triunfo que tampoco conviene sacar, como se ha hecho, del contexto real en el que se ha producido. Un claro contexto de castigo a Bush y a los republicanos. Una significativa mayoría ha tomado una decisión admirable y arriesgada a los ojos de todo el mundo. Han pasado la penúltima página del “iguales, pero separados” en una larga historia de marginación y rechazo de la minoría negra (40 millones de personas), demostrando una vez más su talante democrático y que el sueño americano es mucho más real  de lo que aparentaba ser hasta ahora. Espero que la intolerancia de algunos, la prepotencia de otros o la actual situación económica NO impidan el éxito del nuevo presidente de los Estados Unidos.

 

Breve análisis de los resultados electorales

 

Un 22 % de la población americana, formada por un total de 303 millones de habitantes, ha apoyado con su voto el nombramiento del primer presidente afroamericano de los USA. Un 19% ha apoyado la candidatura republicana. La participación electoral ha sido del 64 % batiendo el anterior record de las elecciones de 2004 en unos 5 millones de votantes adicionales (+4%), donde ya votaron 122 millones de electores. Los 66,3 millones (53,4%) de votos obtenidos por el candidato demócrata, frente a los 58 millones de votos (46,6%) que ha recibido el candidato republicano, se ha traducido en la obtención de 365 superdelegados o votos electorales de los 538 disponibles en el curioso sistema electoral americano. Una diferencia de seis puntos porcentuales entre los votos obtenidos por los candidatos se ha convertido en una rotunda obtención de superdelegados o votos electorales  por el candidato demócrata de más del doble sobre la candidatura republicana (162 votos electorales).

 

El triunfo demócrata ha sido apoyado por algo más de la mitad de los votantes y la población sigue claramente dividida entre demócratas y republicanos aunque la diferencia de votos se haya ampliado más (8.3 millones de votos (14%) que en la victoria de 2004 del hoy estigmatizado republicano George W. Bush (59 millones de votos) sobre John Kerry (55,5 millones de votos), cuando la diferencia fue de 3,5 millones de votos (6,3 %). Respecto a las elecciones de 2004, los demócratas han ganado casi 11 millones de votos (+16%)  y los republicanos han perdido 1 millon (-2 %).


La victoria de Obama se ha producido en plena crisis de la economía y las finanzas que ya tiene un claro chivo expiatorio. Se ha producido frente a la alternativa geriátrica que los del elefante han presentado como candidato. Alternativa que la juventud y dinamismo de la hermosa candidata a la vicepresidencia, Palin, no ha logrado contrapesar.

 

Las mayores diferencias de votos a favor de Obama han tenido lugar en estados, también demócratas en 2004, de gran población como: California (+2,5 millones de diferencia), Illinois (+1,2 millones), New York (1,8 millones), Michigan (+0,8 millones) y Pensilvania (+0,6 millones), que por si solas  aportan una diferencia de 7 millones de votos y 124 superdelegados o votos electorales. En estados con gran población como los de Florida, Ohio, Carolina del norte y Virginia (republicanas en 2004) las diferencias de votos a favor de los demócratas han sido muy inferiores, casi inapreciables, pero han supuesto 75 superdelegados adicionales para los demócratas que, sumados a los anteriores, han supuesto 199 superdelegados en solo 9 estados de los 50 estados más el Distrito Federal de Columbia (Washington DC) que forman los USA. De los estados con gran población, solo Texas (+1 millón de votos de diferencia) y Georgia (+0,2 millones) han dado los votos electorales (49) a los republicanos. Por otro lado, entre los estados que dieron el voto electoral a los republicanos en 2004, once se lo han dado en esta ocasión a los demócratas, pero de estos solo Florida, Ohio, Carolina del norte y Virgina son estados de gran población que aportan considerables delegados, pero en los que han ganado los demócratas por estrecho margen. Conviene recordar que los estados de mayor población son California (37 millones de habitantes), Texas (23 millones), New York (19 millones), Florida (18 millones), Illinois (12 millones) y Ohio (11,5 millones). Entre 8 y 10 millones de habitantes solo hay cuatro estados: Carolina del Norte, Georgia, Michigan y Nueva Jersey.

 

Se puede concluir que:

 

Los demócratas han obtenido una gran victoria, pero no se puede decir que la participación electoral, fuertemente inducida por una intensa campaña institucional y la reciente situación de crisis, sea para hacer sonar las campanas como se ha hecho. El crecimiento de voto popular de 2008, sobre el de 2004 ha sido del 4%.

 

Los dos candidatos tenían graves handicaps que superar: Obama, su raza e inexperiencia política; McCain, su "ancianidad", y el desastre de la economía y las finanzas USA más las sangrías de Irak y Afganistán. Se ha culpado a los republicanos sin que se haya guardado memoria de los antecedentes de unas y otras, ni de sus causas bajo la presidencia de ocho años del demócrata Clinton. Si las elecciones se hubieran celebrado solo dos o tres meses antes, las distancias se habrían acortado o incluso cambiado el signo del resultado electoral. Los republicanos no pudieron negar ni retrasar la percepción de crisis, como los socialistas hicieron en España, ya era demasiado evidente, caótica y sin precedente en las últimas décadas de gobiernos de uno y otro signo.

 

El voto de los afroamericanos, latinos y asiáticos residentes en los US ha sido para los demócratas en un 99%, un 66% y un 61% respectivamente. El voto de electores sin bachillerato ha favorecido en un 63 % a los demócratas y el de menores de 29 años en un 66 %. En la franja de edad comprendida entre 30 y 44 años el voto se ha repartido en un 52% y un 46 %. Por igual (49%) entre ambos candidatos entre edades de 45 y 64 años y en un 45 % y un 53 % respectivamente en el caso de mayores de 65 años. Los votantes con ingresos menores de 50.000 dólares al año han dado su confianza en un 60 % a los demócratas, repartiéndose por igual entre candidaturas a partir de esos ingresos.

 

Y por último, el pueblo está pidiendo a gritos la protección del estado y considera que la va a encontrar en una pseudosocialdemocracia que introduzca radicales cambios en la política económica a costa del capitalismo, el libre mercado y la sana competencia. Deseos lícitos, pero que, como se ha demostrado durante los periodos de gobiernos demócratas en USA o socialdemócratas en varias partes del mundo, alimentan el intervencionismo político, los gastos sociales y frenan la necesaria creación de riqueza que ha producido el capitalismo durante su larga historia, a pesar de sus crisis. Crisis siempre menores que las causadas por el intervencionismo de socialdemócratas, socialistas y comunistas en diferentes tiempos y áreas del planeta.

 

 

Conviene recordar que después del desastre bursátil del 29 los demócratas gobernaron desde 1933 a 1953, perdiendo los republicanos 5 elecciones presidenciales en ese periodo de veinte años. Aquel fue un largo paréntesis de fuerte intervencionismo estatal, nacionalizaciones, gasto público, salida de la crisis y avances sociales bajo el largo mandato (1933 a 1945) de Franklin Delano Roosvelt, al que sucedería su vicepresidente, Truman, tras la repentina muerte del presidente. También fue un largo periodo de aislamiento USA, que duraría hasta algo después de iniciada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). (Truman fue reelegido hasta la victoria, en 1952, del republicano Eisenhower). El largo castigo de la sociedad americana a los republicanos había finalizado, pero estos no se atrevieron nunca a modificar sustancialmente muchas de las reformas introducidas por los demócratas. Esperemos que en esta ocasión el castigo no sea tan largo, en un escenario de economía globalizada, de libre mercado y de prosperidad en crecimento y en extensión a nuevas áreas del planeta muy superior a la de épocas anteriores, un escenario en cuya formación han contribuido de forma decisiva los republicanos.

 

Confiemos en que en esta nueva etapa, los demócratas que cuentan con gran respaldo popular y con amplias mayorías en el Congreso y el Senado, no colapsen el desarrollo económico norteamericano y como consecuencia el del resto de los países de este mundo, y que el nuevo presidente sepa gobernar los US y avanzar o fracasar “como un solo pueblo”, como ha expresado, mediante amplios consensos en su política interna e internacional y sin reinventar o refundar el capitalismo o la economía libre de mercado, como desean algunos socialdemócratas, de nuevo inmersos en la relectura de Marx y eufóricos ante el fracaso republicano en las recientes elecciones. El capitalismo tiene una fuerte gripe, peor que los periódicos constipados habituales, pero esperemos que no la conviertan en una pulmonía que le lleve a la tumba en compañía de las libertades y de la creación de riqueza que tanto ha costado alcanzar.

 

 

ARM/07.11.08

A&D
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Crisis y Crack 2008

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